miércoles, 6 de mayo de 2009

LA ORGANIZACIÓN COOPERATIVA DE LA ACTIVIDAD EDUCATIVA

Los aportes teóricos nos señalan que la actividad de clase puede organizarse de tres maneras diferentes: de forma individualista, forma competitiva o bien de forma cooperativa.

Trataremos en esta oportunidad la organización de la actividad educativa del aula, desde la perspectiva cooperativa de la misma, como un instrumento metodológico en tres niveles progresivos de intervención. Además, se apunta a los contenidos, procedimientos, tareas y recursos propios del asesoramiento, que inician, desarrollan o consolidan ésta [la organización cooperativa] dentro del sistema áulico.

El aprendizaje cooperativo nos presenta grandes ventajas al potenciar el aprendizaje de los 
estudiantes, tanto los que evidencias problemas al aprender como de aquellos más capaces; permite el aprendizaje de contenido actitudinales, procedimentales y conceptuales; y abre espacio a la participación activa del grupo en el proceso de enseñanza y aprendizaje, es decir, convierte al estudiante en protagonista de su desarrollo escolar.

Debemos considerar algunos conceptos fundamentales que colaboran al aprendizaje cooperativo. El primero es la estructura de la actividad, el conjunto de elementos y de operaciones que hacen de “fuerzas” para generar un “movimiento”, que regulan o condicionan la manera de trabajo (qué y cómo se hace). Así pues, desde los aportes teóricos mencionados anteriormente, pueden tenerse estructuras individualistas, competitivas o cooperativas, que establecerán una relación diferente entre los estudiantes del aula y los fines que persigue cada uno de cara al aprendizaje.

La estructura de finalidades, puede presentarse de la siguiente manera, tomando en cuenta lo que previamente se ha expuesto. Se hace referencia a la no existencia de interdependencia de finalidades, cuando el estudiante consigue su objetivo (lo que el profesor le enseña) independientemente de los demás, respondiendo a la estructura individualista. Otra es la interdependencia negativa de finalidades, cuando se logra el objetivo y el resto no lo consigue, se lo hace antes y mejor que todos, respondiendo a la estructura competitiva. Por último la interdependencia positiva de finalidades, consigue una doble finalidad, aprender lo que se le quiere enseñar y contribuye a que los compañeros lo aprendan de igual manera, trabajando en equipo, respondiendo a la estructura cooperativa.

Debe señalarse la estructura de la autoridad, que va controlar el qué, quién, cómo del proceso de enseñanza y aprendizaje, y sobre la evaluación del mismo. Un sentido individualista y competitivo reduce las relaciones vinculantes estudiante y maestro, como si fuesen conductas altamente perturbadoras. El maestro es el único responsable del hecho educativo, además de propiciar ambientes competitivos entre los estudiantes, transformándolo en rivalidades. Una estructura cooperativa propicia el diálogo, el intercambio de ideas, la interacción con mente crítica, la objetividad y la reflexión. Se fomenta así la autonomía educativa.

El paso de los esquemas individualista y competitivo a un esquema cooperativo requiere, del grupo de clase, dejar de ser una colectividad y pasar a ser una comunidad de aprendizaje; esto sucede cuando todos se interesan, no sólo por sí mismos, sino por los demás. Hay dos principios básicos que se debe tener presente al pensar en aprendizaje cooperativo: protagonismo y participación activa, y la responsabilidad compartida la cooperación y la ayuda mutua. Así pues, éste se convierte en un contenido curricular que se debe enseñar y se debe aprender.

Así pues podemos hacer referencia brevemente a algunas técnicas que se pueden aplicar en pro de construir un aprendizaje cooperativo, que pueden ir desde las más simples, como Parada de 3 minutos, Lápices al centro, o El número; hasta las más complejas como El rompecabezas, Grupos de investigación, o Tutoría entre iguales. Lo simple o complejo dependerá del tiempo que se requiere para el trabajo en aula. Éste trabajo debe ser dividido en segmentos de actividad, los cuales pueden dividirse en tres: el segmento AP, donde el papel principal lo cumple el profesor; el segmento AA, actividades realizadas por los estudiantes, pudiendo ser individualista, competitivo o cooperativo; y el segmento TM, o llamados tiempos muertos, en los que no se realiza ningún tipo de actividad dentro del proceso enseñanza y aprendizaje.

El logro de los objetivos de este trabajo necesita ser procesual, de esta manera aseguramos el alcance de los propósitos de este aprendizaje cooperativo. A esto se le consideran los niveles de intervención. El primero es la creación de conciencia de grupo, facilitada a través de las dinámicas de grupo que se puedan trabajar con las estudiantes, entendidas éstas como un conjunto de operaciones que actúan como fuerza motivadora para el logro de un efecto psico-afectivo-social. Al final podremos contar con un grupo capaz de tener un conocimiento positivo de cada uno, de interactuar para la toma de decisiones consensuadas, de incluir personas con diferentes dificultades o discapacidades, etc.

El segundo nivel es el trabajo en equipo como recurso, grupos reducidos que permitan tener pequeñas experiencias reales, donde lleguen a sentir lo agradable y eficaz que esto puede brindarles, al tener ayudas inmediatas y la creatividad de un grupo al realizar una tarea.
Un tercer nivel se plantea para enseñar a trabajar en equipo, de manera sistemática, transversalizada, cada día se puede aprender mejor, de manera progresiva e ilimitadamente.  

Esta enseñanza debe incluir la especificación de objetivos: progresar todos en el aprendizaje, ayudarse unos a otros; metas a alcanzar, organización de equipo y la práctica de habilidades sociales para trabajar de manera satisfactoria. Debe tenerse en claro tres aspectos la interdependencia de finalidades, la interdependencia de roles y la interdependencia de identidades.


Para el análisis de la estructura de la actividad deben considerarse de manera acertada los segmentos de actividad que se tienen por clase, luego tener en cuenta el grado de cooperatividad de un equipo de trabajo y de un grupo de estudiantes, es decir, la calidad de trabajo que se realiza. Entonces podemos referirnos a factores positivos que condicionan este trabajo: la organización del equipo, el diálogo y la toma de decisiones consensuada, la distribución del trabajo a realizar , la interacción estimulante y la regulación mutua, además de la revisión periódica del funcionamiento del mismo y el establecimiento de objetivos de mejora.

Paralelamente pueden presentarse situaciones negativas, como la dominancia del punto de vista de un miembro del equipo, la presencia de discusiones, altercados entre los miembros, la presencia de distracciones, o pérdidas de tiempo en el trabajo, la falta de responsabilidad con los compromisos, las funciones de cada rol y en el aprendizaje de algunos contenidos.

El análisis de todo este conjunto de detalles permite asesor a los docentes para el inicio, desarrollo y consolidación del trabajo cooperativo en clase. Al tener en cuenta cada uno de los puntos señalados previamente nos permite estructurar situaciones educativas que nos permitan el desarrollo adecuado de los educandos, y además el descenso de las situaciones marcadas como dificultades de aprendizaje en la mayoría de los casos presentes en las relaciones escolares actuales.

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